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La muestra, explicó la Fundación, persigue responder a preguntas como cómo era la ropa interior que ha usado la mujer entre 1860 y 1960; cuándo se dejó de utilizar el miriñaque; o si alteraba en estos años la moda la silueta de la mujer.
La exposición aborda tres períodos diferentes. El primero de ellos, 'El reinado de la ropa interior', ofrece una visión de la evolución lencera desde 1860 hasta 1918. El segundo habla de la etapa comprendida entre 1920 y 1940, y el tercero aborda las décadas de los 50 y 60.
La Fundación destacó como un aspecto interesante de la exposición el que cuenta con las piezas que tiene la comisaria de la muestra, María Jesús Romero Ruiz de Gopegui, y con fotografías del diseñador Andrés Sardá, "una de las figuras más importantes en la lencería femenina".
Los años comprendidos entre 1830 y 1914 fueron considerados, destaca la muestra, los daños dorados de la lencería íntima. Las damas utilizaban abundantes prendas con bordados y encajes; eran épocas en las que la mujer de clases altas usaba corsé, prendas muy ajustadas en el busto y amplias faldas con enaguas.
Precisamente para dar volumen a estas faldas nació en 1850 el miriñaque, un armazón flexible de aros de acero. Décadas después se sustituyó por el polisón, una estructura de alambre que acentuaba la parte posterior del cuerpo.
Las mujeres de las clases sociales populares, por su parte, se elaboraban su propia lencería, caracterizada por pocos adornos y la utilización del justillo, que cumplía las funciones del corsé.
La Primera Guerra Mundial aceleró la incorporación de la mujer al trabajo y la evolución de la indumentaria femenina, que abandonó paulatinamente el corsé y lo sustituyó por sostenes.
Al finalizar la contienda, la sociedad vivió en un profundo y constante cambio. La silueta femenina era delgada, sin formas, con cabello a lo garçone. Comenzaba a usarse la falda corta y, con ella, se crea el liguero.
La lencería se hace más uniforme, lisa, con pocos bordados y, por primera vez, se llena de color. Rosa, luz, lila, salmón, verde, amarillo... el negro se reserva a las mujeres de vida alegre. Por la noche, se generaliza el pijama, además del camisón muy utilizado desde siempre.
Los años 40, tiempos de posguerra en España y situación prebélica en todo el mundo, se caracterizan por escasez de tejidos y simplificación de la lencería; la ropa interior se diseña ahora para ser práctica y duradera. Aún así, las mujeres pertenecientes a clases adineradas podían seguir confeccionándose por encargo su ropa íntima: de seda, raso, satén o piel de ángel, por ejemplo.
La ropa interior de los años 50 se ajustó al new look de Cristian Dior. La lencería gozó de gran sensualidad, los sujetadores con forma cónica, las combinaciones, corpiños y culottes se confeccionaban de forma esmerada con tejidos selectos.
Volvió el corsé con materiales más elásticos, las enaguas lo hicieron con aire del cancán y tejidos sintéticos. Y nació en esta década una de las prendas con más simbolismo de belleza y seducción: las medias de cristal.
En la década de los 60 la ropa interior se simplificó al máximo, debido sobre todo al uso del pantalón y la minifalda, que hicieron desaparecer a la combinación, las ligas y los ligueros.
